lunes, 6 de junio de 2011

LA PAZ DE DIOS

Primero que todo la palabra PAZ (del latín pax, pacís) “Virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego. Pública tranquilidad y quietud de los Estados. Sosiego y buena correspondencia de unos a otros. Genio pacifico, sosegado y apacible. Ajuste o convenio entre los príncipes especialmente después de las guerras. En la misa ceremonia en la que el celebrante besa la patena (del latín patena). Lámina o medalla grande, con una imagen que se lleva al pecho. Platillo de oro o de otro metal dorado, en el cual se pone la hostia en la misa, y luego abraza al diácono y este al subdiácono, y en las catedrales seda a besar al coro y a los que hacen cabeza del pueblo imagen o reliquia. Esta misma imagen o reliquia. Satulación que se hace dándose un beso en el rostro los que se encuentran después de larga ausencia.

Además de los anteriores conceptos la paz a nivel de los hombres se ha convertido en un estado ideal y donde el término como tal ha adquirido connotaciones simbólicas y políticas; sin embargo no se ha podido llegar a ella a causa de la ambición, del poder y la terquedad de los mismos hombres y del demonio.

Si nos remontamos a la historia son demasiado los hechos que dan cuenta de la zozobra, la intranquilidad, la irracionalidad en que la humanidad ha vivido en todos estos siglos, donde el odio, la muerte, la desigualdad son constantes que han generado un rechazo a la paz que Dios siempre ha mostrado y que como dice un dicho “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.

En el mundo estamos sufriendo esa ceguera que no nos deja vivir en armonía y se ha desatado una violencia que social y culturalmente ha afectado, esta afectando y afectará nuevas generaciones que no entienden y comprende esta guerra fratricida en la que nos hemos visto envueltos y no hemos podido superar y apaciguar.

Por eso es importante reflexionar en torno a esta paz espiritual que Dios nos brinda y que con su hijo Jesucristo reafirmó cuando él dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón y tenga miedo”. (S Juan 14,27).

Esas palabras encierran la obra de Dios en su plenitud y que ningún hombre ha podido superar en fortaleza y humildad.

Sin embargo lo logrado por Cristo debe ser continuado y por eso nosotros estamos aquí, dispuestos a luchar por nuestra paz individual y a la vez universal.

Es decir que nuestro compromiso con Cristo y la obra de su padre son irrestrictas e incondicionales, siguiendo su ejemplo, limpiándonos y perfeccionándonos cada día más.

La tarea no es fácil pero tampoco imposible se requiere de una disposición y de una autenticidad para entregarnos de lleno a la obra de Dios y ser decisivos un ciento por ciento.

Significa que la PAZ no es algo abstracto ni negociable. La paz proviene de Dios y a ella debemos aferrarnos para conseguir la incorruptibilidad y la vida eterna de la humanidad con gozo y esperanza.

También vale precisar que la paz es uno de es uno de los frutos del espíritu Santo como se reafirma en Galatas 5,22 “pero el fruto del espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, masedumbre, templanza, contra tales cosas no hay Ley”.



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