| Ernesto McCausland
Sojo.
Su último galardon, facebook.com
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No lo conocí, pero a través de sus historias reflejaban a un gran ser humano, costeño de pies a cabeza, siempre quiso que su Costa Caribe estuviera presente en sus escritos como en sus películas donde la alegría y el colorido daban rienda a su imaginación.
Nunca pensó que una grave enfermedad iba a cortar su prolífica vida que dejó
plasmado en sus trabajos periodísticos y cineastas.
Alto y elegante siempre se destacó por
su posición social, su apellido de origen extranjero siempre aprovechó este
legado familiar. Su muerte sorprendió pues nunca su apariencia mostró el
gran sufrimiento que llevaba a su espalda con mucha dignidad y valentía, pues
dicen que desde muy joven la adquirió.
Los que lo conocieron afirman con
tristeza que deja un gran vacío en el ámbito cultural e intelectual, así mismo
en el periodismo sobre todo en el escrito, se desempeñaba como editor general de un periódico barranquillero llamado el Heraldo. En ésta publicación inició
su carrera periodística.
Su ausencia
física se va a sentir, pero el cielo gano a un ser auténtico, le decía a sus amigos que
era absurdo realizar un parradon vallenato en un apartamento de los grandes
edificios de una ciudad, el encanto de estos parrandones como lo canta una
canción era debajo del higuerón o de un árbol de mango con acordeón, caja y
guacharaca y el cantante con su voz singular. Las melodías se escuchaban y
disfrutaban sin igual.
Seguro él, en la órbita celestial
se llevo uno de estas expresiones culturales para alegrar esa inmensidad azul que se parece a su
hermoso Océano Atlántico del que se sentía orgulloso de pertenecer. Paz en su
tumba.