martes, 27 de noviembre de 2012

Una crónica para un cronista

Ernesto  McCausland Sojo.
Su último galardon, facebook.com


No lo conocí, pero a través de sus historias reflejaban a un gran ser humano, costeño de pies a cabeza, siempre quiso que su Costa Caribe estuviera presente en sus escritos como en sus películas donde la alegría y el colorido daban rienda a su imaginación. 
Nunca pensó que una grave enfermedad iba a cortar su prolífica vida que dejó plasmado en sus trabajos periodísticos y cineastas.
Alto y elegante siempre se destacó por su posición social, su apellido de origen extranjero siempre aprovechó este legado familiar. Su muerte sorprendió pues nunca su apariencia mostró el gran sufrimiento que llevaba a su espalda con mucha dignidad y valentía, pues dicen que desde muy joven la adquirió.
Los que lo conocieron afirman con tristeza que deja un gran vacío en el ámbito cultural e intelectual, así mismo en el periodismo sobre todo en el escrito, se desempeñaba como editor general de un periódico barranquillero llamado el Heraldo. En ésta publicación inició su carrera periodística.
Su ausencia física se va a sentir, pero el cielo gano  a un ser auténtico, le decía a sus amigos que era absurdo realizar un parradon vallenato en un apartamento de los grandes edificios de una ciudad, el encanto de estos parrandones como lo canta una canción era debajo del higuerón o de un árbol de mango con acordeón, caja y guacharaca y el cantante con su voz singular. Las melodías se escuchaban y disfrutaban sin igual.
Seguro él, en la órbita celestial se llevo uno de estas expresiones culturales para alegrar esa inmensidad azul que se parece a su hermoso Océano Atlántico del que se sentía orgulloso de pertenecer. Paz en su tumba. 

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