martes, 29 de noviembre de 2011

Reflexiones 2


Santisíma Trinidad
No lo volví a frecuentar
su imagen imponente y castigadora
se fue con mi niñez.

Ya no le rezo tanto
quise apartarlo de mi camino,
pero mi alma insolente,
inquieta, desértica
anhelaba volver a él.

Un día viejo
lo quise encontrar
pero no lo halle
un día nuevo quisiera
volverlo a buscar
pero sigue escondiéndose,
¿En dónde estará?


Está en cada partícula
en cada ser
en ese toque mágico,
donde lo sencillo o imponente
se transforma,
da nueva vida a lo mejor.

Un día viejo
lo quise encontrar
pero no lo halle
un día nuevo quisiera
volverlo a buscar
me es difícil afirmar que lo hallaré,
aunque su presencia se respira
y es bellamente natural.

Un día viejo
lo quise encontrar
pero no lo halle
un día nuevo quisiera
volverlo a buscar
sin embargo, él nos brinda
la posibilidad de creer o de escoger. 



lunes, 28 de noviembre de 2011

El muchacho de la bicicleta



Homenaje a las personas sin hogar
Desde hace varios años trabajó en algún recóndito lugar. De lejos parecía un muchacho, su cuerpo demasiado delgado y su baja estatura se confundía con la de los chicos que le hacían competencia con sus carros de ruedas esferadas.

Todos los lunes se le veía cargando y descargando los mercados que llevaba a las diferentes casas de los barrios circunvecinos.

Pese a lo humilde de su trabajo ya tenía una bicicleta muy bonita y sobre todo práctica que le permitía desplazarse sin ningún problema.  Adelante tenía una canastilla grande y atrás una parrilla amplia; de color azul, gruesa, parecida a esas de tres ruedas que están diseñadas para el trabajo, sólo que la de él era de dos.

De apariencia tímida siempre se le observaba solitario, no contaba con amigos y poco se le veía charlar con sus compañeros o vendedores ambulantes que conocían de su oficio.

Cuando solía esperar alguna persona para llevarle determinado mercado, se la pasaba mirando a las mujeres largamente. Como anhelaría el calor de una de ellas. Se notaba que su alma y su cuerpo estaban sedientos de una caricia o un beso que mitigaran su enfriamiento e hicieran menos tediosa su soledad. 

Sin embargo no se les acercaba, ni intentaba entablar conversación ; aunque en su mirada estaba la audacia que desearía tener para conquistarlas.

Pese a que era uno más del montón, había en él un misterio que lo hacía especial, como si su estadía en este mundo no fuera como la del resto de los humanos; como si nunca hubiese sido concebido por dos seres, sino que de repente resultó en éste planeta. Tampoco había una chispa en sus gestos que delataran que alguna vez había sido niño. Demasiado sombrío. Parecería que siempre fue así.

Su existencia muy escondida sobrevivió a ésta gran urbe.  De pronto fue más feliz que otros; que sus sueños fueron únicos y jamás descubiertos.

Su trabajo lo mantenía despierto en este mundo, donde a él le toco montarse en su caballito de acero  y recorrer las calles en busca del sustento. Un halo de incertidumbre lo rodeaba, traspasaba todos los límites de cualquier hombre que se aferra a algo sólido o una compañía duradera y momentánea. Lo único seguro en su vida fue ésta máquina rodante, ángel guardián que lo cuidó día y noche. Le proporcionó el alimento y le permitió pagar un cuarto, para resguardarse del frío y de la insolencia de la noche.

Cada mañana se lanzaba al bullicio citadino, recorría las calles de la cual surgía el trabajo que realizaba en el día. Su distracción era retar al vigoroso viento o dejarse acariciar del perezoso sol o mojarse entre la lluvia pertinaz o escapar a la furia de los rayos; siempre montado en su veloz artefacto. 

Todo el mundo lo veía pero nadie reparaba en él. Aparentemente su existencia no tenía demasiados matices y giró en torno a una rutina sencilla e incierta. Bastaba con desplazarse en su medio de transporte para subsistir en este mundo tan deshinibido y majestuoso.

Sin embargo aunque muchos lo consideraban un infeliz, no sabían que en el fondo era el más afortunado de todos. No lo volví a ver, no supé si necesito de un ataúd, ni de las plegarias, ni de los lamentos de la gente si murió o  sí todavía está vivo, se irá como vino de repente, al igual  que un atardecer que se desvanece cuando va apareciendo la noche. Del cielo bajará una estrella que lo acogerá con su bicicleta azul y nadie se dará cuenta.        

viernes, 25 de noviembre de 2011

Sin sentimientos



Sentimientos rotos
  





 
Mi  poesía simple
sin frases bellas
atraviesa las almas
sin dejar huellas.
Ella cubre como la tierra
un hueco,
sentimientos ilógicos
que se derriten dormidos
y quedan perforados
sólo fingen.

Sentimientos sin sentimientos
esfumados,enajenados
no luchan,
ellos, marchitos
como una frágil rosa
o rotos como un cristal herido. 

Esencias perdidas
esencias sin esencias
rechazadas,
lloran en el abismo
el hueco dejado ni siquiera
es tapado por la tierra,
vacío salta de un lado para otro
disfrazado deja
cenizas inconclusas,
esparcidas mueren engañando.



viernes, 18 de noviembre de 2011

Reflexión olvidada

La luna naranja










Mis sueños se han ido perdiendo
no quería crecer,
hablaba con mis amigos invisibles
que no se aburrían de mi voz,
más aquel mundo se ha ido disolviendo
aunque perduren sus vestigios.

No puedo eludir mi realidad
inconforme y hueca,
que se esfuma en estos centauros
de arena en que me recreo,
me hacen sentir como soy
y no serán derrumbados
ni por un leve aullido del viento.

Porque vuelven a ergirse
son ellos los que se convierten
en sólidos valles,
son ellos los que sacuden al hombre
de esta sed partida,
que está en la búsqueda siempre
deslumbrando la vida
transpasando la muerte.


viernes, 11 de noviembre de 2011

Oda a unos hijos inconclusos



Nuevos Doses













Tanta veces los temí
Pero tantas veces se esfumaron
Mi vientre nunca los anidó
Tantas veces los presentí
Pero jamás llegaron a mí.

Hijos de la nada
Nunca malogrados
No quisieron salir.

Hijos que no añoré
Están en lo etéreo
Se disolvieron
Llevados por el aire.

Hijos de otro mundo
Porque en éste
No pudieron ser
Los hubiera podido amar
Pero el mar también se los llevo
Para no llegar a nacer.

  














lunes, 7 de noviembre de 2011

Bogotá desnuda


Panorámica de Bogotá D.C.











Con tus días fatigosos,
y con tus noches impredescibles
sigues creciendo,
a la vera de hombres decididos
invadida de castillos de cemento.

Despiadada,
sólo permites a los más fuertes
mientras los vencidos ojerosos
se pasean por tus calles.

Luces rutilantes te adornan
de colores fantasiosos,
imanes que albergan la esperanza
de tantos que llegan de otras partes
repletos de sueños y un mañana.

Imponente tras esos cerros
cansados de hastío,
donde la vida y la muerte es una sola
urbe desnuda y cubierta
al ritmo de un tiempo oscilante
frío y calor se conjugan
detrás de una alegría llena
de nostalgias. 

Diosa de la indiferencia y el frenesí
en tí todo está permitido
no temes a nada.

Espejo irreversible de una historia
que sigue avanzando,
testiga fiel de cada suceso
protagonista de un pueblo
que ha dejado de ser parroquial,
y que se ha olvidado de una aristocracia
atiborrada de abolengos.

Vampiresa de un mundo cosmopolíta
que está al acecho de un futuro.