y con tus noches impredescibles
sigues creciendo,
a la vera de hombres decididos
invadida de castillos de cemento.
Despiadada,
sólo permites a los más fuertes
mientras los vencidos ojerosos
se pasean por tus calles.
Luces rutilantes te adornan
de colores fantasiosos,
imanes que albergan la esperanza
de tantos que llegan de otras partes
repletos de sueños y un mañana.
Imponente tras esos cerros
cansados de hastío,
donde la vida y la muerte es una sola
urbe desnuda y cubierta
al ritmo de un tiempo oscilante
frío y calor se conjugan
detrás de una alegría llena
de nostalgias.
Diosa de la indiferencia y el frenesí
en tí todo está permitido
no temes a nada.
Espejo irreversible de una historia
que sigue avanzando,
testiga fiel de cada suceso
protagonista de un pueblo
que ha dejado de ser parroquial,
y que se ha olvidado de una aristocracia
atiborrada de abolengos.
Vampiresa de un mundo cosmopolíta
que está al acecho de un futuro.
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