es un
lamento
siniestro de
lo que vendra
mi
impotencia se desangra,
la pesadilla
no termina
son muchas
sus cadenas
e infinito
su martirio.
Somos
titeres de una vida
que cada día
se destroza
los hombres
trapos que se rifan,
sus despojos
los harapos
que se
carcomen por estos suelos
observadores
mustios
de esta
lucha enardecida,
y su sangre
retorcida
la semilla
que se esparce.
El futuro se
diluye
la risa de
los niños se pierde,
las flores
se ennegrecen
y mis palabras danzantes
no han
podido levantarse
pero la
esperanza
como la paz prevalecen.
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