martes, 25 de octubre de 2011

Reportaje sobre la delincuencia juvenil ¿heredada o adoptada?


La delincuencia juvenil en Colombia
 El comportamiento que caracteriza a las personas no es gratuito ni tampoco un revés del destino. Ante todo consiste en un proceso evolutivo que responde a unas necesidades psíquicas y sociales.

A través de las diferentes etapas que el ser humano debe enfrentar como son: su infancia, adolescencia, juventud, madurez y vejez, el carácter y personalidad son únicos en cada quien, le permiten adaptarse con relación a su medio y la sociedad.

El ser humano desde antes de su nacimiento sufre inevitables cambios que van afectar su estado físico y sicológico. En un principio tiene que ver la estrecha relación que existe entre el embrión y la madre, el feto capta toda manifestación emocional o anímica que la afecte. Aquí se puede establecer en cierta medida el hecho de concebir un hijo indeseado y las implicaciones que acarrea después. Según el doctor Ricardo Wiesner, estos niños no deseados son más vulnerables a padecer transtornos psíquicos o de temperamento.

La sicología describe cuatro fases fundamentales del desarrollo infantil hacia la integración social, la anomalía de alguna de estas fases da lugar a una desadaptación del niño al medio en que se desenvuelve.

a.      La primera relación del niño con su madre;
b.      El conflicto de edipo;

c.       La formación del super yo;

d.      La formación del grupo dentro de la familia.

           a)       La primera relación del niño con su madre
 
El primer ser con quien el niño se va a relacionar es con la madre. Es muy importante para su futura adaptación modificar sus primitivos instintos de naturaleza antisocial. Se trata de impulsos que una vez modificados llegan a formar parte del individuo, se requiere en este caso una gran dosis de paciencia por parte de ella; evitar los malos tratos y la severidad excesiva.  Se ha comprobado  ahondando en este sentido que la represión inmediata a los impulsos instintivos aún no modificados, pueden llegar a manifestarse más tarde en oposición a los deseos del individuo.

Durante el periodo de lactancia y en la pubertad los instintos del niño son difíciles de dominar y quedan aquellos instintos inconscientes cuya forma primitiva era antisocial. Por esta razón conviene no crear confusión, evitar actitudes irregulares o arbitrarias sobre lo que esta permitido, es decir satisfacerlos exageradamente o reprimirlos con rigor en otro momento. Esta incapacidad de no saber postergar la realización de sus deseos es común en los delincuentes, quienes en su mayoría en esta relación crucial madre-hijo ha sido defectuosa de acuerdo a estudios realizados a este tipo de personas.

           b)       El conflicto de edipo
 
En esta etapa el padre juega un papel importante. Es necesario que el niño distinga las funciones que tanto el padre como la madre ejercen sobre él. Cuando hay un desequilibrio en este sentido y la autoridad del padre es despótica o deficiente el complejo de edipo se agudiza y la actitud del niño es pasivo femenina frente a dicha autoridad.

Aunque la presencia de la madre es insustituible en los primeros meses de vida en el infante, el psiquiatra Wiesner sostiene que una de las causas que interioriza el problema tiene que ver con la libido, la descarga de energía que la madre proyecta sobre el hijo a nivel inconsciente. Para (Freud) energía sexual y para (Jung) energía psíquica.

En los últimos meses del embarazo explica el doctor Wiesner la madre tiende a rechazar a su compañero u esposo, esta energía la transmite al niño, quién la asimila como la única fuente protectora e impide que el padre tenga participación. Es positivo darle cabida a la pareja como complemento anímico para la consolidación estructural del futuro bebe.

Wiesner, considera que a los tres o seis meses la madre es primordial, pero luego la función del progenitor es benéfica; así se evitarían muchos problemas que adolecen en nuestra sociedad como sucede con el homosexualismo y que puede derivarse de esta descomposición marital.

Muchas actitudes delictivas se desprenden de este conflicto edípico. La relación del niño es de naturaleza sado-masoquista, o sea que experimenta placer instintivo lastimado. También existen tendencias de agresividad sobre todo a quienes representan la autoridad. Por otra parte, es factible satisfacer la actitud pasiva a través de la dependencia del niño respecto a los jóvenes fuertes, agresivos y antisociales bajo cuya influencia puede pasar a los actos delictivos (caso la formación de pandillas). 

c) La formación del super yo

Ésta fase atañe concretamente a la formación de la consciencia y que va ligada con la superación del complejo edípico. El niño debe identificarse con sus padres, de lo contrario su razón no se independizaría respecto a las personas del mundo externo.

Se hace imperativa la necesidad de establecer parámetros que le permitan diferenciar entre lo que es debido o no, se manifiestan con la aprobación o el castigo.

Los padres conforman el código ético del niño. Si este código es socialmente marginal, la función de la consciencia se formará bien, tendrá como resultado una conducta antisocial, pues el niño habrá interiorizado aquél código paterno. 

d) La formación del grupo dentro de la familia

El primer grupo con que el infante se va a relacionar se da dentro de la misma familia. Vale decir entre sus padres y hermanos. Aquí es importante medir las posibilidades de cada quien.

Son muchos los casos que dentro de una misma familia existen hermanos tan opuestos, como por ejemplo uno que es delincuente y otro trabajador y profesional. Para el doctor Wiesner esto no es nada extraordinario, ni se debe a un fenómeno circunstancial.

 Hay que tener en cuenta también las condiciones emocionales, anímicas en que los hijos son concebidos y por supuesto lo económico también. Las situaciones no son las mismas.

Si el niño se relaciona en un principio bien con sus padres y hermanos y el proceso funciona, es decir aprende a respetar sus deseos, no tendrá dificultades de adaptación posteriormente. Pero si desde el período de lactancia presenta ya desaveniencias se anidarán signos antisociales, que una vez llegada a la adolescencia, pueden generar en auténticas conductas delictivas.

El rol del adolescente en la familia

El papel que va a determinar el rol que ocupa el adolescente en la familia está condicionado a la flexibilidad y cambios que en ella se originen.

Una familia no se completa en un momento determinado, ella se forma a lo largo de los años. Las actitudes de los padres difieren en cada situación. No se trata al hijo mayor igual que al menor; influye el tiempo cronológico con relación a los padres y aún dentro de la escala que ocupa los hijos si son numerosos.

Al contrario el hijo único esta exento de las rivalidades fraternas pero está supeditado a un triángulo entre los padres y él. Si surgen discordias afectará la presión de parte y parte. En ese caso buscará apoyo fuera de la familia o se aliará alguno de sus progenitores.

Esa presión ejercida en el caso anterior se disipa en una familia compuesta por varios hijos. Cuando el clan lo conforman hermanos y hermanas funciona como la pareja simbólica (en cuanto al emparejamiento hombre-mujer en nuestra sociedad). La chica se apoya en su hermano o visceversa.

Resulta complejo analizar uno por uno la función que cada hijo desempeña en la familia. Confluyen varios factores que es difícil establecer un patrón.

De acuerdo a su experiencia el doctor Wiesner considera que casi siempre paga los platos rotos de los errores conyugales el hijo mayor. Por ser el primero es aveces como un conejo de laboratorio donde se va a experimentar por primera vez.

Lo importante es saber proyectar la imagen que representa la figura femenina o masculina, ya sea dentro de los mismos padres o de otras personas que los puedan sustituir. El adolescente necesita reafirmar su modo de ser y es muy importante que tenga definida esta simbiosis no tanto como un rol social, sino como la esencia de lo que significa un hombre y una mujer. El intercambio de sentimientos entre los miembros de una familia determinará en cada uno de ellos su forma de relacionarse con el entorno del círculo. Las figuras que aparezcan en su vida serán tratadas con base a las experiencias pasadas; las relaciones anteriores servirán de modelo para nuevas experiencias.

La delincuencia juvenil

Es indudable que los jóvenes delincuentes no son producto de un azar del destino, ellos son victimas de un proceso gradual de socialización desviada que poco a poco se va agravando.

En la adolescencia se manifiesta abiertamente ésta desadaptación. Se debe a que el muchacho está más capacitado para realizar acciones por cuenta propia.

Hay que diferenciar en los antecedentes o transgresiones a normas socialmente no relevantes y que desde un principio están implícitas. En algunos, la delincuencia es algo transitorio, utilizado para llamar la atención o la falta de autodominio (demostrar audacia, enfrentarse a los padres son algunos). Mientras que para otros se convierte en norma de vida.

Características de la delincuencia

Entre más joven sea el delincuente más probabilidades tendrá de reincidir y los reicidentes a su vez son los que más tienden a convertirse en delincuentes adultos. La mayoría de ellos suelen comenzar entre los 13 y 14 años, aunque en éstos últimos, las estadísticas muestran que el problema esta creciendo y ya se encuentra este tipo de comportamiento en niños de 9 y 10 años. Alcanza su punto culminante entre los 17 y 19 años.

Estudios sociológicos demuestran que la pobreza y la miseria son factores determinantes para generar delincuentes o antisociales. La causa primordial se debe a las deficiencias sociales y económicas. Sin embargo el fenómeno se ha generalizado y no solamente se encuentra en los niveles bajos sino en los altos y medios también. En estos casos los factores son de tipo afectivo y esta conducta es una válvula de escape a los problemas personales.

La psiquiatría y la sicología han tratado de analizar el problema. Varias teorías se han ocupado de ello, la biológica lo atribuye a un factor dominante previo como de carácter hereditario, alteraciones físicas o a las condiciones en que se desenvuelve la existencia, como el abandono por parte de los padres; las perturbaciones afectivas o de personalidad (teoría sicológica, teoría de la personalidad, teoría psiquiatrica); el medio sociocultural (teoría sociológica).

La suma de todos estos factores tanto internos como externos pueden desembocar en patologías bien definidas. El doctor Wiesner considera que algunos casos delicuenciales tienen estos componentes, pero no son excusa para disculpar muchos problemas sociales. Las leyes que rigen la mente son distintas a las leyes basadas en determinadas estructuras generales de una determinada sociedad o comunidad.

Fuentes consultadas 

ENCICLOPEDIA DE LA PSICOLOGÍA OCEANO, “La adolescencia cambios físicos y psiquicos” págs 211-238.
M. L. KOHN, La clase social y las relaciones padre-hijo.
ANDERSON MICHAEL, Sociología de la familia.
MIDDENFORFF, WOLF, Sociología del delito.
SARASON, IRWIN, Psicología Anormal: Los problemas de la conducta desadaptada.

















 
 




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