| Estatua de Moisés de Miguel Ángel |
Casi siempre se le ve solo. Su rostro aspero y curtido lo hacen ver desagradable. Su vida transcurre dentro de los límites del barrio donde vive, de su casa a cualquiera de sus calles. No tiene un trabajo estable, ni buenos estudios. Dependió siempre de su madre, quien costeaba su enfermedad incurable y que suele sacudirlo de tal forma, que jadeante, sólo le queda echar babasa por la boca, una disculpa para no luchar y sobresalir.
Ya es un hombre de edad madura,
pero su comportamiento es confuso y nada definido. Suele burlarse de todo el
mundo sacándoles pero y defectos; su risa es filosa e hiriente pesada para el
oido.
A veces lo ocupan en labores
secundarias de construcción como entrar arena; encarrilar ladrillo o bloque;
pintar las paredes o las puertas y ventanas, en fin.
Inspira cierto temor al hablar
por sus ademanes bruscos y violentos, como si quisiera desahogar toda su rabia
por el abandono que en cierta medida ha tenido que soportar por ser rechazado e
ignorado.
Hay personas que adoran su
soledad, es un bálsamo para sus conciencias, para reflexionar o para crear. Sin
embargo para otros como él, es una carga pesada que los hace frágiles y
desamparados. Les ha tocado existir simplemente eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario