martes, 20 de diciembre de 2011

Moisés


Estatua de Moisés de Miguel Ángel

Casi siempre se le ve solo. Su rostro aspero y curtido lo hacen ver desagradable. Su vida transcurre dentro de los límites del barrio donde vive, de su casa a cualquiera de sus calles. No tiene un trabajo estable, ni buenos estudios. Dependió siempre de su madre, quien costeaba su enfermedad incurable y que suele sacudirlo de tal forma, que jadeante, sólo le queda echar babasa por la boca, una disculpa para no luchar y sobresalir.

Ya es un hombre de edad madura, pero su comportamiento es confuso y nada definido. Suele burlarse de todo el mundo sacándoles pero y defectos; su risa es filosa e hiriente pesada para el oido. 

A veces lo ocupan en labores secundarias de construcción como entrar arena; encarrilar ladrillo o bloque; pintar las paredes o las puertas y ventanas, en fin.

Inspira cierto temor al hablar por sus ademanes bruscos y violentos, como si quisiera desahogar toda su rabia por el abandono que en cierta medida ha tenido que soportar por ser rechazado e ignorado.

¿Cómo serán sus sueños? –Suelo preguntarme cuando lo veo-  Todo ser humano por humilde o  insignificante que sea tiene derecho a soñar. ¿De qué color serán sus fantasías? o ¿qué mujer le habrá gustado sin poderla tener? ¿llegará alguien a su vida que acapare su corazón? ¿Se curará algún día? ¿Podrá por humilde que sea su trabajo enorgullecerse de él, sin que lo contraten por consideración sino por lo que vale?  Su vida esta llena de preguntas que parece una sucesión de lagunas inconclusas, que no le permiten mirar más allá ni más acá en lo que concierne a su pasado y su futuro que convierten su presente en un estanque que no lo dejan avanzar o retroceder y del que nunca ha querido escapar o salir.

Hay personas que adoran su soledad, es un bálsamo para sus conciencias, para reflexionar o para crear. Sin embargo para otros como él, es una carga pesada que los hace frágiles y desamparados. Les ha tocado existir simplemente eso.        

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