jueves, 14 de marzo de 2013

Habemus Papam más humano que santo

El entonces sacerdote Jorge Mario Bergoglio cuando era joven images.search.conduit.com 
      

Con la reciente elección de su Santidad Francisco, latinoamérica católica no termina de regocigarse de su sorpresiva elección y el resto de cristianos de los demás continentes.


Irónicamente los puntos más fuertes para escogerlo como nuevo jerarca de la iglesia  fue su modelo de vida austera y sencilla que lo identifica con los seres comunes y corrientes que existimos en este planeta.


Como buen argentino le gusta el fútbol, seguidor del San Lorenzo de Almagro, usuario del metro y un peatón más de las conocidas calles de Buenos Aires, este cardenal  de signo sagitario, nació un 17 de diciembre de 1936 y convenció al estricto Cónclave para designarle tamaña función como representante de Dios en este mundo. 


Otro aspecto a destacar fue la fecha de su elección, significado especial para los numerológos que no se cansaran de decir que un 13 del mes 3 de 2013 se eligió al primer Papa latinoamericano y Jesuita en toda la historia y el número 266 de los que han hecho parte del Estado Vaticano.


Pero su elección fue mucho más profunda y estrategica de lo que se quiere hacer ver. Primero por pertenecer al continente de la esperanza como lo denominó hace un tiempo Juan Pablo II; segundo por retomar los principios de San Francisco de Asis, en que la pobreza no sólo material sino más espiritual urgen un cambio radical; tercero restablecer el origen natural y social de la familia como núcleo de una sociedad más equilibrada y justa; cuarto el papel de la mujer no sólo en el ámbito laboral sino social y religioso; quinto al interior de sus ministros y sacerdotes los problemas que ultimamente han escandalizado a la iglesia católica como es la corrupción y la pedofilía entre otros.


Hay  muchos más retos que suponen a un líder con características celestiales pero aterrizado en un universo globalizado y mediático que requieren de su cercanía y semejanza a todos ellos, sin creerse una divinidad más humano y como él mismo lo ha definido evocando a un Jesús en su projemidad (término inventado por el entonces Obispo Jorge Mario Bergoglio).


Es bueno aclarar que cuando se anunció con la fumata blanca su elección, el cardenalicio lo presento como Francisco y no como lo han empezado a llamar Francisco I.

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