| Habitante de la calle-pensarporlibre.blogspot.com |
Los encuentras en cualquier esquina de la ciudad, viven en zonas deprimidas o de alcurnia, no les importa que los cuestionen por sus vidas viciadas y arraigadas a la nada en que las calles son su hogar.
Aunque su existencia pareciera romántica e idealista que va contra un sistema, su realidad es más cruda de lo que se cree y sus familias son las perjudicadas por su forma de vivir.
Les hablaré de dos seres cercanos a mi vecindad, hombres, uno ya maduro y el otro todavía joven pero el tiempo parece no perdonarle esa juventud.
No recuerdo su nombre, pero se que era hermano de una compañera de estudio en la secundaría.
Cuando vivía con su familia se destaco por ser un vendedor prestigioso, se caso con una chica del barrio y tuvieron un hijo, al que nunca volvió a ver.
Al principio se le veía muy bien, seguro y con un bonito hogar, pasados unos años, la droga empezó hacer efectos en su personalidad. Su apariencia se iba resquebrajando, el descuido se reflejaba en su rostro casi cadavérico, su esposa e hijo hace ya un buen tiempo lo abandonaron.
Actualmente se aloja en una casa de uno de sus familiares que le tendieron la mano cuando se quedo solo. Sigue igual un poco más viejo, descuidado, su cara chupada inspira miedo y desconfianza. Cuando se lo encuentra uno frente a frente, dicen los que lo conocen que vive del "raponeo", expresión muy colombiana que se asemeja al "raponazo" en general y el atraco; se acostumbro, parece no estar arrepentido de su existencia y dentro de su circulo en muy popular.
El otro no sobrepasa los treinta años, hijo de un señor reconocido por su negocio, atiborrado de productos y artículos de primera necesidad, cuando uno va a comparar allí, se encuentra con un señor no muy alto, parece perderse en medio de tanta mercancía que enmarcan su cara llena de tristeza y amargura por aquel primogénito que lo averguenza de llegar aquel estado de vagancia y mendicidad.
Siempre lo he conocido así, alto, bien parecido y deambulando por las cuadras del sector, parece que desde muy niño se introdujo en el mundo alucinante de la drogadicción. Muchas veces lo han tratado de regenerar, pero le ha costado demasiado, trata de estar bien, pero vuelve y recae sin poder sacarlo de ese precipicio en el que parece que se desboca sin parar.
Su padre tuvo que echarlo de la casa, le robaba el dinero, electrodomésticos y elementos de la tienda que no aguantó y le impidió la entrada. Ahora duerme en las aceras de las casas circunvecinas que molesta y conmueve, se puede uno tropezar a cualquier hora del día o de la noche con su humanidad.
Se ha convertido en un dolor de cabeza por la incomodidad que ocasiona, al instalarse con su colchón y cobijas en los andenes de sus residencias, pero le han tenido paciencia por lastima o compasión.
Cuando se lo observa no deja el corazón de partirse, al ver como este muchacho consume sus días deambulando entre las calles o parado en las esquinas con las manos entre los bolsillos y la mirada perdida.
Lo cierto es que se van a sorprender con algunas estadísticas en torno a esta problemática social que en ocasiones no sólo es el resultado de la pobreza sino también una opción de vida para muchos que no han querido salirse de la mendicidad y drogadicción, más que un vicio es una alarmante enfermedad, según las Naciones Unidas este tipo de personas integran el cuarto mundo para desconsuelo de la humanidad.
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